El Preferido. Buenos Aires muestra sus cafés (II)

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El Preferido de Palermo. Kevin Moloney para The New York Times.

Como el Miramar, El Preferido de Palermo, en el barrio Palermo, abrió como un almacén en 1952, cuando su fundador, Arturo Fernández, arribó desde la provincia de Asturia en la exuberante costa norte de España. El almacén, con estanterías de conservas de anguila, aceitunas y buen vino, continúa, compartiendo pequeño espacio con la moda de manteles naranja-y-verdes donde un limitado menú es servido a los jóvenes de Palermo.

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Café Miramar. Buenos Aires muestra sus cafés (I)

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Café Miramar. Kevin Moloney para The New York Times.

Los sábados de noche en Buenos Aires, el café Miramar cruje con la energía de las familias locales, bailarines de tango afamados y sociables mozos distribuyendo platos de sardinas con piel crocante, camarones y ostras frescas. El Miramar está en San Cristóbal, un barrio conocido por sus salones de tango pero de alguna manera fuera del ritmo turístico. Los comensales locales vienen para compartir generosas porciones de sopa de rabo de buey, conejo al estilo cazador o chorizo de estilo español en ommelete. Aún con un par de botellas de malbec o agua mineral, el festín apenas alcanza el equivalente de $15 por persona.

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Viejo Café Tortoni – Alejandro Michelena

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Café Tortoni. Fotografía de tobogangraphics.com.

EL ESPÍRITU DEL CAFÉ SIGUE VIGENTE

Las conversaciones que se oyen en algunas mesas -sobre todo en las horas más tranquilas de la media mañana o la media tarde- son sintomáticas de la permanencia del genuino espíritu del encuentro en el seno del viejo Tortoni.

(…) Están en apariencia mimetizados en medio del rumor incesante de voces que surge de otras mesas como un oleaje, de los pedidos en voz alta de los mozos, del fragor propio del gran café. Si pudiéramos acercarnos, seguramente comprobaríamos hasta qué punto en esos diálogos vuelve a encenderse una vez más -sencillamente, como algo cotidiano- la eterna llama que lo caracteriza desde siempre. Que está conformada, en esencia, por el milagro de ese ámbito plural que a través del tiempo -en torno a esas mesas de aspecto solemne- ha propiciado el intercambio de ideas y sentires.

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Bares y cafés en Montevideo, desde Buenos Aires

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Luis Lahitte, A la mesa. 2009.

Algo que en particular a mí me llama la atención es el relato del extranjero sobre mi ciudad. Porque es capaz de observar detalles que a uno estando inmerso le pasan desapercibidos, porque es una subjetividad distinta. En especial el porteño tiene una mezcla interesante entre lo extranjero y lo conocedor -no debe existir nadie más afín culturalmente.

Quiero compartir con ustedes lo que escribió Luis Lahitte del sitio A la mesa sobre un típico bar montevideano de antaño.

Me encuentro en Montevideo, son las 7 de la mañana y hace un frío que ni Amundsen hubiera imaginado. Estoy en un bar de la calle Yaguarón, esquina Soriano, uno de esos raros ejemplares que están al borde de la extinción. El local, rectangular (casi un pasillo) está iluminado por unos tubos de neón.

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Café Montevideo. Por Juan Antonio Varese.

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Cafe Sorocabana, Montevideo, 1977. Panta Astiazarán.

CAFÉ MONTEVIDEO
Por Juan Antonio Varese

El Café MONTEVIDEO, a principios del siglo XX, ubicado en un modesto local era propiedad de un tal Manuel Corviño. En la década de 1920 se mudó a su nueva ubicación, la planta baja de un edificio recién inaugurado, en la esquina de 18 de Julio y Yaguarón, donde hoy funciona la galería comercial San Felipe y Santiago. Se trata de un hermoso edificio de 6 pisos, coronado por una cúpula que todavía hoy impone su presencia señorial. Frente estaba la sede del diario El Día y haciendo cruz, desde enero de 1941 , abría su puertas el cine Trocadero. El café fue adquirido en 1936 por la firma Gómez, Lamarque y Rossi, tres socios con experiencia en el mundo del espectáculo, que le infundieron nueva vida y lo volvieron uno de los más concurridos y elegantes de la ciudad.

Por entonces Montevideo se encontraba en pleno auge de su vida nocturna y desarrollo de sus inquietudes artísticas. El centro, entre la Plaza Independencia y la calle Ejido, aglomeraba un incesante ir y venir de peatones y vehículos en perpetuo movimiento. El tango había ganado la aceptación social como confiterías , a veces por una orquesta acompañada de un cantor y otras veces por un músico y de gran versatilidad, que interpretaba una sucesión interminable de temas. Por entonces se turnaban los conjuntos argentinos y uruguayos en la cartelera de espectáculos. La orquesta típica de Juan Esteban Martínez, “Pirincho”, actuó durante muchos años en el MONTEVIDEO mientras que la orquesta de Pellejero actuaba en el PALACE y la de Laurenz y Casella era fija en el ATENEO.

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Cafés de Buenos Aires

Video sobre los Cafés de Buenos Aires realizado por la agencia SG2 para el portal Argentina.ar (Gobierno Argentino).

Café Tortoni

El público ya más que nada es turístico. Lo típico que se consume acá es el chocolate con churros, famoso por todo el mundo, la gente ya viene por eso. Y la merengada que es un helado artesanal de canela que hacen acá en el café. Han estado personas famosas, típicas de nuestro país como Carlos Gardel, Alfonsina Storni, Jorge Luis Borges.

Av. de Mayo 825.
Tel: (54.11).4342.4328. Email: tortoni<a>cafetortoni.com.ar
Web:
cafetortoni.com.ar


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Café Montevideo (18 de Julio y Yaguarón)

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En el café Montevideo, en nuestra principal avenida y Yaguarón -ubicado en los bajos de un interesante edificio construido en mitad de los años 20- se reunieron por décadas los políticos colorados vinculados al diario El Día, vecino de enfrente, en mesas encabezadas por los hermanos Batlle Pacheco. Era tal la atracción que ejercía el café a todos los integrantes de la redacción del diario fundado por Batlle y Ordoñez, que efectivamente pasaban muchas horas de tertulia en sus mesas acogedoras (algunas “malas lenguas” de oposición llegaron a decir que el diario El Día se redactaba en el café Montevideo). En su salón con aires “art decó”, nimbado por cierta solemnidad, se podían ver también escritores y artistas.

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Gran Café del Centro. Crónica del Sorocabana

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(…) Pero para los montevideanos, este año emblemático no lo sería tanto si no incluyera la inuguración del café Sorocabana en la esquina noreste de la plaza de Cagancha y la avenida 18 de Julio. Destinado a convertirse en un café mítico de la ciudad se ubicaba en los bajos del elegante y afrancesado edificio neoclásico que pertenecía a Eduardo Iglesias Montero, quien iba a ser por décadas habitué constante y fervoroso mecenas del lugar. Abrió sus puertas el 19 de setiembre del año de referencia, aunque se había previsto hacerlo unos días antes, el 7.

El que estaba destinado a transformarse con los años en sinónimo de café tradicional entre nosotros, tuvo comienzos que no parecían augurarle ese destino. Surgió por iniciativa de una empresa -que contaba con capitales argentinos y brasileños- en el marco de la agresiva promoción del café llevada adelante por el Departamento Nacional del país norteño a través de una campaña mundial, cuyo objetivo fue colocar una cosecha sobredimensionada del aromático grano. Hasta el nombre tiene un origen brasileño: evoca a la ciudad de Sorocabá, en el área cafetera del Estado de San Pablo.

Memoriosos recuerdan que al principio era un salón relativamente pequeño, que no abarcaba ni la mitad del amplio espacio que luego lo iba a caracterizar. Al comienzo se bebía el café parado, junto al mostrador, al estilo de tantos cafés rápidos que en esa época eran comunes en cualquier gran ciudad. Hasta una pecera lo adornaba, complementando el marcado estilo decó de su decoración e instalaciones, en ese momento aerodinámico de tan moderno. Luego se agregaron mesas, y poco a poco fue ampliándose el salón, abriéndose por fin a través de grandes ventanales hacia la plaza.

Paralelamente a estas transformaciones que hicieron del primer Sorocabana el gran café que muy pronto se convertiría en centro de las tertulias de los montevideanos, la empresa iba a fundar muchas sucursales: en la plaza Independencia, en los bajos del Palacio Salvo, en la Ciudad Vieja, en la calle 25 de Mayo, pero también en General Flores por la zona de Goes y en La Unión, extendiéndose luego a capitales del interior como Colonia, Salto, Paysandú, Mercedes, Durazno, Minas Treinta y Tres, Melo, Rivera y Rocha. Más allá de fronteras los Sorocabana llegarían a Córdoba y Buenos Aires, en la Argentina. La mayoría de estas sucursales -a excepción de la instalada en el Salvo- no iban a tener ese perfil entre cosmopolita y coloquial, entre bohemio y cultural, que ha sido siempre la marca fundamental de la institución cafeteica.

Ver también:
Café Sorocabana y los grandes cafés del Centro de Montevideo

Fragmento extraído de Gran Café del Centro. Crónica del Sorocabana. Alejandro Michelena.

Reabre el Café Brasilero en Montevideo

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Hace unos meses se daba la noticia de que el Café Brasilero cerraría (ver video). Afortunadamente la situación sería temporal: se retiraba el antiguo administrador pero su dueño, el Arq. Angelo Drago, buscaría uno nuevo para continuar como hasta ese momento.

Cito a continuación un artículo publicado en el día de hoy por El País:

Reabre hoy el primer café de Montevideo y último en su estilo

El Brasilero. Será declarado de interés cultural

ANA PAIS

Uno se dedica a la industria farmacéutica, el otro a la constructora. Pero desde hoy son los flamantes dueños del Café Brasilero, 57 metros cuadrados de historia y cultura que desde 1877 funciona en Ciudad Vieja.

Ayer de tarde sonaba a todo volumen la canción Alegría de Cirque do Soleil en el local de Ituzaingó 1447. Estaban probando los nuevos equipos donde esta noche, a partir de las 22 horas, tocará Daniel Viglietti para su reapertura.

“Trataremos de estar a la altura de la responsabilidad que asumimos, de ser custodios de un pedazo de historia, de un legado cultural muy importante”, dijo Hugo Lafourcade, quien junto a Luis Giambroni son los nuevos arrendatarios del local del Café Brasilero y licenciatarios de la marca.

“Estamos muy emocionados y tenemos muy claro lo que queremos, que es respetar la tradición del café y devolverle la gloria que tuvo, ni más ni menos, ya que estaba muy descuidado”, explicó Giambroni.

Durante el mes que estuvo cerrado, El Brasilero se mantuvo intacto detrás de la persiana baja, la misma por la que Eduardo Galeano se enteró de su clausura a la vuelta de un viaje. Como ahora también está en el exterior, su “segunda casa” le hará un homenaje en diciembre. El escritor uruguayo es la figura más emblemática, pero no la única que concurría con periodicidad al lugar.

Las fotos varias de Galeano y otros habitués como Enrique Estrázulas e Ignacio Suárez, láminas de estilo Art Nouveau, recortes de diarios o imágenes de Carlos Gardel, estarán colgados en sus paredes tal como desde hace años, al igual que el mobiliario y la fachada del local, conservados hace más de un siglo. El cambio será en el servicio.

Con mozos y chefs de un promedio de edad de 21 años y con Mario del Bó de asesor, los nuevos dueños apostaron a una gastronomía “muy moderna”, explicó Giambroni. Incluye básicamente sándwiches, postres individuales -”para que siempre sea comida fresca”, dijo- y por supuesto, café.

“Es una mezcla de granos única, seleccionada de Café Bahía para El Brasilero. Se va a prestar atención en todos los detallecitos, para que algo tan sencillo como un café se vuelva una pieza de arte: que tenga la temperatura exacta, la cantidad de crema que debe llevar, que la masita que acompaña sea la apropiada, etcétera”, contó Giambroni. La carta incluye uno que lleva el nombre de la casa y otro el de su hijo más renombrado, Galeano, que lleva café, leche, leche condensada, canela, cacao y granos de café.

Pero la mayor novedad de la reapertura es la “gaditana”: “Revolviendo entre todo lo que pudimos encontrar de la historia de El Brasilero descubrimos la gaditana, la bebida típica que hace 100 años se servía acá. Es un tesoro increíble que tenía mucha aceptación en su momento y que nosotros vamos a volver a traer, porque es una forma de revivir la identidad del lugar. La mezcla la empezó a hacer Jiménez -que a principios del 900 se convirtió en el segundo dueño del café- y entre otras cosas tiene cognac con naranja”, explicó Giambroni.

El otro desafío es volver a generar un espacio de encuentro para la llamada bohemia montevideana, ese que atrajo a una larga lista de personalidades que van desde José Enrique Rodó hasta Carlos Calderón de la Barca o Carlos Quijano.

Para ello, habrá espectáculos en vivo todos los jueves y viernes de noche, para los cuales manejan nombres como los de Fernando Cabrera y Laura Canoura. Este viernes El Brasilero va a integrar el circuito de cafés y bares del espectáculo Tango de cercanías.

Por otra parte, organizarán tertulias. La primera será hoy a las 21 horas, con historias sobre este y otros cafés de la capital, con la participación de Carlos Maggi, Mario Delgado Aparaín, José María Obaldía, Mauricio Rosencof, Ana Ribeiro y Pagani (por Café Bahía), moderada por Daina Rodríguez.

Uno de los encantos del local y lo que lo diferenció de su principal competidor durante décadas, El Tupí Nambá, es que en sus antiguas sillas italianas pueden sentarse no más de 50 personas. El pequeño café promete estar siempre lleno.

Del 900

Si bien todavía no fue publicado de forma oficial, desde la Intendencia de Montevideo le aseguraron a Giambroni y Lafourcade que el Café Brasilero será declarado de Interés Cultural, con lo que se convertiría en el primero del rubro en recibir el reconocimiento. Fundado en 1877, el lugar es “el último exponente de la estirpe de muy notables cafés montevideanos del 900″, según el libro Boliches Montevideanos, de Delgado Aparaín. Durante el siglo pasado compitió contra otros míticos cafés como El Tupí Nambá, El Británico y Ateneo, pero sólo El Brasilero sigue funcionando. Eso explica la expectativa por su reapertura: ayer como todos los días desde hace un mes, dijeron, cada 10 minutos alguien se acercaba a preguntar cuándo podrían tomar un café.

El País Digital

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     Yo estuve antes del cierre. Es una reliquia, un lugar lleno de encanto, pequeño y cálido. Uno mira esas paredes y no puede dejar de imaginar como sería la vida en aquel Montevideo de principios y mediados de siglo.

En materia gastronómica estaba un poco desactualizada o fuera de competencia la propuesta. Un café de ese estilo merece una variedad amplia de bebidas, cafés, medialunas, sandwiches, en una fina presentación a cargo de profesionales.

Suena muy interesante el nuevo proyecto, sobre todo en lo que tiene que ver con la promoción del lugar y de la marca. ¿Quién dice que no podamos ver, en algún tiempo, una cadena de Cafés Brasileros y productos de elaboración propia?

:)

Fotos de Fabiana Corbo

Confitería La Giralda y los Cafés del Novecientos

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Confitería La Giralda. La foto de la izquierda corresponde al año 1905 y la de la derecha a 1918. Estuvo ubicada en la Plaza Independencia, donde hoy está el Palacio Salvo (Montevideo, Uruguay). En 1917 se tocó allí por primera vez el más célebre de todos los tangos: La Cumparsita.

Cafés del Novecientos

(…) la primera década del siglo atestiguó la aparición en nuestra ciudad del intelectual de café, especie antes inexistente por aquí. De acuerdo a lo que escribe Zum Felde en su Proceso Intelectual del Uruguay (…), y a lo que analiza -ya más a la distancia y con agudeza- Carlos Real de Azúa, en Ambiente espiritual del Novecientos, ciertos cambios operados en el país como la afirmación del estado democrático que se iba logrando paulatinamente, la fuerte corriente inmigratoria que multiplicó la población, la reforma vareliana que mejoró la calidad de la enseñanza y la mayor prosperidad de las clases medias, fueron factores que se aunaron para propiciar ese tipo humano tan particular.
Hasta 1900 la mayoría de nuestros intelectuales -por no decir todos- juntaban muchas veces en sus personas las condiciones de patricios, doctores, políticos, y también escritores. Esta carecterística tan provinciana deja paso casi bruscamente a una democratización radical de la cultura. La pequeña burguesía incipiente y los crecientes sectores medios comenzaron a engendrar jóvenes hirvientes de inquietudes, de pálido rostro y bigote romántico, que devoraban las populares y no demasiado bien traducidas obras que volcaba sobre el Río de la Plata la editorial Sempere de Barcelona. Estas en las que venía lo más novedoso de la moda de Europa tanto en filosofía como en política y literatura, eran leídas y discutidas en los cafés. En esos mismos abientes que destilaban cosmopolitismo se oía el diálogo cantarín y desmesurado de los italianos, la áspera dureza de las lenguas eslavas en bocas de ácratas del centro europeo, y con estos inmigrantes llegaba también la historia viva de luchas sociales y de persecuciones, de exilios y de ideales anarcosindicalistas, todo amalgamado a un caos de autores y libros que irían conformando la atmósfera intelectual de un tiempo particularmente fermental.
Y aunque es verdad que el estrellato mayor de la Generación del Novecientos no perteneció en rigor a la raza cuya génesis hemos bosquejado, no obstante el intelectualismo del café fue el semillero de los astros menores y satélites de aquella constelación.

Los Cafés Montevideanos (Alejandro Michelena). Fotografías Centro Municipal de Fotografía.