Café Sorocabana y los grandes cafés del Centro de Montevideo
Fotografía del Café Sorocabana en la Plaza Cagancha. Montevideo.
¿Cómo eran los grandes cafés de Montevideo a comienzo de la década del 40? Los invito a leer un fragmento del libro “Gran Café del Centro. Crónica del Sorocabana” (Alejandro Michelena).
No era sencillo competir con los grandes cafés que por aquellos tiempos poblaban nuestra capital. Para empezar el viejo Tupí-Nambá de la plaza Independencia, que Francisco San Román había fundado en la década del ochenta del siglo XIX y que a comienzos de los cuarenta era un antro venerable; el café por excelencia de Montevideo, allí donde se encontraban los políticos, los comerciantes, los artistas, los deportistas, los intelectuales. Un lugar célebre en el mundo, recordado por viajeros sensibles al mismo plano que el Tortoni de avenida de Mayo en Buenos Aires, que el Pombo y el Gijón de Madrid, que el Greco de Roma, que el Florián de Venecia, que el San Marco de Trieste, que Les Deux Magots y el Dome de París, que el café De la Parroquia de Veracruz, y tantos otros -simbólicos y cargados de magnetismo cultural- por el ancho mundo.
Pero había otros cafés de gran porte en nuestra principal avenida, como el elegante Montevideo de 18 de Julio y Yaguarón, donde hacía tertulia una cofradía vinculada a la política y al Partido Colorado (gracias a la vecindad del diario El Día) y otra relacionada con el tango. O el Ateneo, frente al reciente Sorocabana, con su rueda de literatos que presidían Paco Espínola y Manuel de Castro, y su atmósfera vinculada al esplendor del ritmo del 2 x 4 alentado por la brillantez -que entonces comenzaba- del tango del cuarenta bajo batutas mágicas como las de Aníbal Troilo y Julio de Caro, por ejemplo.
En Convención y 18 abría sus puertas La Cosechera, visitado por todo el mundo: desde el magnate al pordiosero, el conocido político y el anónimo ciudadano, el artista que había triunfado y aquellos que -como sucedía en aquel porteño Café de los Angelitos- tenían “perdida la fé”. En la calle Andes, el Boston era frecuentado por la gente del Sodre y por fervorosos cultores del arte del billar y la generala. En la plaza Independencia el ajedrez y el socialismo monopolizaban las mesas del enorme y melancólico café Británico, mientras que en el Palace y el Armonía de la rinconada sureste se mezclaban gente de tango y de teatro con criollos sentenciosos y judíos recién arribados de Europa Central a causa de la guerra.
En 18 y Ejido el inmenso Sportman era un ámbito propicio para la morosa conversación, mientras que más adelante -a la altura de Tristán Narvaja- su casi tocayo el Sportsman albergaba las ruidosas reuniones de los estudiantes de derecho y notariado, y también las peñas más serenas de los discípulos del filósofo Carlos Vaz Ferreira que frecuentaban el lugar luego de asistir a las conferencias del maestro en el Paraninfo de la Universidad.
No era entonces empresa fácil imponer un estilo novedoso para un novato café de la avenida. Y sin embargo, los años cuarenta atestiguarían el desarrollo del Sorocabana como alternativa dinámica para el encuentro coloquial en Montevideo.
Ver también:
Gran Café del Centro. Crónica del Sorocabana (Café Montevideo)
Autor: Alejandro Michelena
Editorial: Cal y Canto
Edición: 2003
Páginas: 77
ISBN: 997454033X
Un material excelente y con varias fotografías. ¡No se lo pueden perder!
“Gran Café del Centro. Crónica del Sorocabana”. Alejandro Michelena. Transcripción por Café Montevideo. Tapa del libro por Entrelibros.












Proximamente se estará inaugurando Big Mamma en el ex- Sorocabana de 25 de mayo y 33. Fue donde Mario Benedetti escribió La Tregua. Es un lugar muy recomendable y con una mística especial, podrán reconocer en la decoración las puertas de este viejo Bar, y verán fotos de Benedetti con personajes históricos y la colección de sus libros.
Contamos con fotos interesantes del bar sorocabana, si tienen alguna de 25 de mayo y 33 les agradezco se pongan en comunicación via mail conmigo,
gracias,