Bares y cafés de Montevideo: La Giraldita

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Fotografía de Bares y Cafés Montevideanos. Digitalizada por Cafe Montevideo.

La Giraldita

J. Benito Lamas 2745, esq. E. Muñoz.

Afuera, en la esquina de José Benito Lamas y Enrique Muñoz, dos bicicletas de reparto, gruesas, pesadas, antiguas, esperan recostadas al cordón de la vereda por los mandados del día. Adentro, con la clásica palidez de los años 30, enteramente vestidos de negro y en una atmósfera de cálida penumbra, los hombres, eficaces y afables, se mueven detrás del mostrador y, cada poco, uno de ellos desaparece hacia el ambiente contiguo, donde hay otro mostrador y otras demandas. Es decir, tras servir un jerez español o dos enérgicos chorrazos de whisky escocés con hielo acompañado de una picada de queso, fiambres y aceitunas para un par de clientes recién llegados, trasponen la puerta que da al almacén contiguo para despachar leche, dulces o fideos a una señora que se apresta a cocinar en su casa del barrio.

“La Giraldita” es sin duda uno de los más pintorescos y mejor conservados “almacenes y bares” de la ciudad. Abierto a principios del novecientos por los hermanos José y Antonio Carreiras, hoy lo atienden sus dueños Francisco “Paco” Salgado, oriundo de Orense, y José González, de Rivera Sacra, en Galicia, dos hombres queridos tanto por su hospitalidad como por su sentido del humor.

Acodado al mostrador oscuro, en silencio mientras “toma una”, está Wilson Acosta, un vendedor de loterías que para allí desde treinta años atrás y que una vez vendió “la grande”. A su frente, escondidas casi detrás del caparazón de un tatú, cuatro botellas polvorientas de “añeja especial” Ancap resisten, desde los años 50, ofertas de cualquier precio por parte de clientes que saben lo que significan.

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Sobre las paredes, resaltan dos cuadros: un óleo muy extraño de Miguel Villalba en el que se ve el frente de “La Giraldita”, al que, como dicen que no le quedó bien, le pintó un barco en la azotea. Y al otro lado, enfrentado casi, otro óleo del pintor del Castillo emulando a Torres García introduce, entre los motivos geométricos, palabras “clave” de la convivencia del lugar: barra, copas, amistad, picada. Más allá, justo sobre la mesa pegada a la pared, una amarillenta nota periodística, enmarcada y escrita por el periodista Gaby Martin por los años sesenta, comenta las “fraternas y deleitosas reuniones de La Giraldita”.

Más allá de la nota, fotografías de celebridades que han visitado el lugar como algún cantor de tango argentino, o el por entonces embajador en España Hierro Gambardella junto al Rey Juan Carlos, o el presidente de Galicia Manuel Fraga Iribarne. Celebridades que son, celebridades que fueron. Y para la mejor filosofía de mostrador, con un largo jerez de por medio que facilite el éxtasis, hay un estimulante banderín que cuelga entre los estantes y las botellas, que reza “La Giraldita – sic transit gloria mundi”.

El “Tabaré”, “Montevideo Sur” y muchos otros desertaron de la categoría “almacén y bar”; el “Volcán”, superando achaques, aún da batalla. En “La Giraldita” todo está “a punto” y en sus paredes se ha instalado el tiempo.

Fotografías y texto extraídos de “Boliches Montevideanos. Bares y cafés en la memoria de la ciudad” por Mario Delgado Aparaín, Leo Barizzoni y Carlos Contrera. Digitalizado por Café Montevideo.

Ver también:
- Almacén y bar: La Giraldita

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