Barajando – tango


Pintura de Carlos Prieto.


Barajando. – Música: Nicolás Vaccaro – Letra: Eduardo Escaris Méndez – Orquesta D’Arienzo – Canta: Alberto Echague

(…)Valga esta cuarteta, toda una declaración de principios:” Con las cartas de la vida por mitad bien marquilladas / como guillan los malandros carpeteros de cartel / mi experiencia timbalera y las treinta bien fajadas / me largué por esos barrios a encarnar el espinel”.

Se trata de “Barajando”, que lleva música del pianista aventurero Nicolás Vaccaro, y que fue estrenada en 1928 por la orquesta de Roque Biafore en alguna sesión del cine mudo de Metropol. Gardel demoró algo en grabarla, pero la rescató de su segura condena al ostracismo el 11 de diciembre de 1929.

Con las cartas de la vida por mitad bien marquilladas,
como guillan los malandros carpeteros de cartel,
mi experiencia timbalera y las treinta bien fajadas,
me largué por esos barrios a encarnar el espinel.
Ayudado por mi cara de galaico almacenero
trabajándose a la serva de una familia de bien,
y mi anillo de hojalata con espejo vichadero,
me he fritado muchos vivos, como ranas al sartén.

Pero, en cambio, una percanta que me tuvo rechiflado
y por quien hasta de espaldas con el lomo caminé,
me enceró con un jueguito tan al lustre preparado
que hasta el pelo de las manos de cabrero me arranqué.
Mientras yo tiraba siempre con la mula bien cinchada,
ella, en juego con un coso mayorengo y gran bacán,
se tomaba el Comte Rosso, propiamente acomodada,
y en la lona de los giles me tendió en el cuarto round.

Me la dieron como a un zonzo, pegadita con saliva,
mas mi cancha no la pierdo por mal juego que se dé
y, si he quedao arañando como gato panza arriba,
me consuelo embolsicando la experiencia que gané.
En el naipe de la vida, cuando cartas son mujeres,
aunque lleve bien fajadas pa’l amor las treinta y tres,
es inútil que se prendan al querer con alfileres,
si la mina no es de un paño, derechita y sin revés.

Pero entre estas fechas hay un dato no confirmable que podría cambiar el curso de la historia de los tangos lunfardos. Es que el copyright es de 1923, fecha en que aparece registrada en la sociedad de autores. Si fuera así, sería anterior a “El ciruja”, de Francisco Marino, del que se acepta convencionalmente que es el tango más perfecto del léxico carcelario y callejero. No estaría mal que fuese una forma de reconocimiento para con Escáriz Mendez, porteño de 1888, ocasionalmente periodista, poeta, y en sus últimos años librero y vendedor callejero, con algunos trastornos psíquicos que derivaron en su muerte, en 1959. No debería ser tan impunemente ninguneado alguien que con idéntico vuelo pergeñaba tanto el estilo “Tus aros criollos” como el tango “En la vía”, otro tratado lunfardo con el mismo hálito coloquial de Celedonio.

Su encuentro con Vaccaro, si bien circunstancial, devino en amistad. Aunque Vaccaro era once años menor, y tenía un espíritu nómade que lo llevó a tocar en ciudades tan distantes como Lima y París, entre otras, en el curso de su carrera. Nómade pero también tímido. Él mismo contaría su experiencia con Gardel: “El tango ‘Barajando’ fue lo único que me grabó y por esas cosas que tiene la vida, esa obra sola me enorgullece pues hago de cuenta que me grabó todo mi repertorio, porque si esto no sucedió, la culpa fue mía; nunca le pedí algo y me conformaba que le grabara a otros autores que necesitaban más que yo”, refirió según el imprescindible libro Gardel y sus autores.

Vaccaro -quien murió en 1975- tenía razones para sentirse orgulloso: la versión de Gardel es inmejorable.

Autores de prosapia

Escáriz Mendez se decía discípulo de Andrés Cepeda, el poeta y payador ladrón, que compusiera gran parte de su obra en la cárcel, asesinado a los 31 años de una puñalada, en el año del Centenario. Por su parte, Vaccaro era primo hermano del actor Enrique De Rosas. En casa de éste conoció a Gardel, quien como sabía su aptitud para el piano, le pedía: “probame este tanguito”.

Texto extraído de “100 tangos con su historia” (Norberto Chab). Digitalizado por Café Montevideo. Letra extraída de Todo Tango. Pintura de Carlos Prieto. Blanco y negro por Café Montevideo.

Escribir un comentario